Sociedad | lunes 30 de abril de 2018 | 11:57hs
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La otra cara de la cárcel La Joyita

La otra cara de la cárcel La Joyita
La otra cara de la cárcel La Joyita

(Ciudad de Panamá-ANPanamá) Las imágenes de la cárcel La Joyita, donde se muestran celdas abarrotadas, insalubridad, motines y decomisos de armas, son comunes y desalentadoras.

Sin embargo, en este mismo lugar y paralelamente a esta triste situación hay otro mundo totalmente distinto, donde decenas de detenidos hacen lo posible para pasar su condena siendo productivos en faenas que algunos de ellos nunca imaginaron que podían realizar.

Aunque usted no lo crea, dentro de los muros de este presidio los reclusos se las han ingeniado para criar tilapias, gallinas, tener un trapiche, un variado huerto, vivieros de árboles maderables, cría de codornices, hacer tallas en madera y armar un taller de ebanistería. 

En el ámbito social, los reclusos cuentan con una tabla gimnástica, equipos de fútbol, talleres de lectura y la religión y la fe en Dios ocupan un primer lugar.

Los reclusos han demostrado su ingenio y tesón ante un entorno lleno de carencias, ya que cuando se planteó criar tilapias no había facilidades para llevar agua hasta las tinas, pero ellos se la ingeniaron para excavar un poso artesanal para extraer agua, que ahora se usa además para regar los huertos y darle a los animales.

Igualmente crearon una incubadora artificial con bombillos eléctricos para acelerar el nacimiento de los pollitos y codornices, todo esto sin ninguna asesoría externa.

Según la representante del corregimiento Omar Torrijos, Yoira Machado, quien participó de una gira al centro penitenciario, si bien hay muchos detenidos que son casos perdidos y que han hecho de la delincuencia su forma de vida, también es una realidad que la gran mayoría de los detenidos tienen ganas de cambiar y que se les dé una segunda oportunidad.

Machado citó como ejemplo que la junta comunal de Omar Torrijos participa en un programa de resocialización, donde se les da a los detenidos la oportunidad de rebajar un día de su condena por cada día de labor social que cumplan, en el cual participan actualmente unos 42 reclusos.

Destacó que en el programa los empleados de la junta le enseñan a los detenidos a soldar, poner techos, albañilería y hasta mecánica y muchos han aprendido una profesión con la cual defenderse cuando cumplen su condena.

“Si se les da una oportunidad la mayoría de detenidos busca el buen camino y puedo decir que de los 240 detenidos que han pasado por el programa de la junta comunal, solo dos han sido detenidos de nuevo, uno por meter billetes falsos en Paso Canoas y otro por posesión de drogas”, precisó Machado.

Machado destacó que los reclusos necesitan más apoyo del exterior y aseguró que la población y la empresa privada no debe verlos a todos como monstruos por algunas imágenes que salen en los medios.

Destacó por ejemplo que actualmente los árboles maderables los deben cortar, ya que cuando alcanza unos ocho pies dificultan la vista de los custodios.

“Creo que si los reclusos se esfuerzan por sembrar y cuidar estos árboles se deberían buscar empresas reforestadoras que adquieran estos plantones y se puedan sembrar en otros lugares, porque es una pena que se estén perdiendo después de estar tan grandes”, recalcó.

Según Machado, durante su visita le entregó a los internos implementos deportivos, balones y uniformes pero esta son cosas momentáneas ya que los mismos tienen muchas necesidades. 

Destacó que se puede buscar la forma de pagarles por su trabajo o comprar parte de los que producen, porque muchos de ellos han dejado afuera esposas e hijos a los que pueden ayudar aun estando detenidos, o bien que tengan un ahorro cuando terminan su condena.